MUCHO QUE DECIR Y POCO QUE CONTAR

Una frase que inicia una rueda de prensa que nadie quiere dar.

La Coruña, noche del 15 de mayo de 1994. El Deportivo de la Coruña lo tiene todo a punto para ganar la Liga: una victoria en casa ante el Valencia – que no se juega nada – le basta para culminar la gesta que lleva persiguiendo por méritos propios durante toda la temporada. El Barça de Johann Cruyff, el dream team le pisa los talones y aspira – por cuarta temporada consecutiva – a ganar la Liga, y en el último suspiro, como en las dos últimas ocasiones.

El desarrollo de esa Liga se resume en una constante persecución al Dépor. Desde antes del final de la primera vuelta es líder en solitario; el Real Madrid primero, y después el Barça le pisan los talones (desde más lejos o más cerca) al equipo entrenado por Arsenio Iglesias, que ha demostrado una solidez defensiva (sólo recibirá 18 goles en toda la Liga) y una madurez deportiva superior a la de cualquier equipo.

El buen juego del Deportivo de Arsenio, el brujo de Arteixo, ya se había dejado ver sin complejos la temporada anterior, 1992-93, en la que también había coqueteado con el liderato. Un equipo basado en el orden y la disciplina defensiva, en contraposición al vistoso juego de ataque del Barça de Cruyff. Su alineación tipo la recordamos todos los que peinamos canas: "Liaño, López Rekarte, Nando, Djukic, Voro, Ribera, Fran, Mauro Silva, Donato, Bebeto y Claudio". Enemigo (por lo menos de palabra) de tácticas y sistemas, su obsesión era el orden, el sentido, y el vigor de cada uno de sus hombres. Y más allá de la técnica, el juego que desplegaba enamoraba por la entrega y pundonor de sus hombres, y por la sensación ilusionante con la que corrían por el campo en busca del sueño de ser campeones de liga.

El 15 de mayo de 1994 estaba todo preparado en La Coruña para hacer historia. El Dépor dependía de sí mismo para lograrlo: la victoria en su casa le valía independientemente de lo que hiciera el Barça. Lo siguiente, lo recordamos todos: Mal partido del Dépor, nervios de punta, un Valencia hipermotivado, el Barça que gana su partido, un penalti en el ultimo minuto que falla Djukic, y González, el portero del Valencia, celebra como una victoria… El sueño se esfuma de la peor de las maneras.

El final de la rueda de prensa que da Arsenio tras el partido y comienza con el título de este post, es un compendio de humildad, tristeza, sabiduría, ternura, y de un fútbol que fue, y ya no será:

Yo siento una gran tristeza por esas gentes de las calles que yo veía todos los días: los lunes, los martes… Esa gente mayor, esos niños, que tenían una ilusión tan tremenda, y que yo pensaba que podíamos desilusionarlos, porque podía pasar esto, porque no es la primera vez que me pasa, o que les pasa a las gentes… y ha pasado… Hasta fuimos a fallar un penalti cuando no había tiempo ni para respirar… Tuvo que darse todo así...

Muchas gracias, hasta la próxima… y que Dios reparta suerte.



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